Me encantan las entrevistas de trabajo (hace ya unos años ya escribí sobre ellas, puedes leerlo aqui) solo podrían ser mejores si las hicieran dentistas, señores de recursos humanos, como idea de trabajo para el futuro, podrían ustedes comprar potros de tortura de esos que utilizan los dentistas y hacer la entrevista poniéndole al entrevistado los tubitos aspiradores en la boca y de fondo el ruido de la broca esa infernal que usan para darle forma a nuestros dientes.
Hace un tiempo me cambié de empresa, aprovechando la excelente situación laboral que hay en España decidí dejar un trabajo fijo en una empresa para probar suerte. Me hicieron varias entrevistas, bastantes entrevistas (creo que si me hubiera presentado al TU SI QUE VALES hubiera pasado un proceso de selección menos exigente) La cosa es que todo fructifico y fruto de nuestro amor nació un nuevo contrato con una compañía internacional con un montón de gente que habla en lenguas.
La gente que me conoce sabe que soy una persona que huye de la confrontación, he hecho hasta cursos para ser mas asertivo, insertivo e incluso divertido pero todo ha sido en valde. Pero cuando te quieres ir de una empresa no sirven de nada las indirectas. Lo bueno es que la charla de despedida fue realmente bien y así que al poco tiempo pude incorporarme en mi nueva empresa.
Quizá pasado algún tiempo hable un poco de la empresa actual, pero ahora quiero viajar en el tiempo hasta llegar a un día en que me dijeron que querían hacerme otra entrevista.
Todas las entrevistas que me habían hecho hasta la fecha habían sido pre contratación post contratación iba a ser la primera. La idea que tenían es que querían cambiarme de departamento y los nuevos jefes querían asegurarse de mi nivel. Así que se concretó una entrevista técnica telefónica con tres amables compañeros de EEUU.
Yo, que soy de natural optimista, ya pensaba que me tocaba recoger las cosas, despedirme de nuevos compañeros, empezar a buscar trabajo ahora ya desde el paro y al no encontrar tener que emigrar a otro país, ya en el nuevo país tendría que ponerme a trabajar de camarero en bares de mala muerte al no dominar el idioma y en unos de esos días en que me quedara para cerrar el bar, unos vándalos chechenos entrarían y me apuñalarían sobre la barra del bar para llevarse la poca recaudación del día. Con este estado mental encare la entrevista.
Desde que me dijeron que tenía esta entrevista empecé a repasar todo lo que sabía, primero relacionado con mi trabajo, después con el ingles, después repase un poco más sobre la informática en general para acabar estudiando un poco de repostería porque a un hombre se le llega por el estomago. Estudié como si me fuera a presentar a la selectividad.
La tarde de la entrevista me encerré en un despacho con mi portátil espere la llamada y por fin llego. La calidad del sonido de la entrevista era tan buena como la ecografía a una ballena embarazada. Gracias a mi estado nervioso cuando intentaba responder a una pregunta de la que no estaba seguro comenzaba a enrollaba a hablar como si quisiera dormirla salmodiando mi vida. Además, no entiendo por que todavía, cuando hablo mucho rato ingles empiezo a meter palabras en catalán, normalmente me doy cuenta de que he metido alguna palabra pero en la entrevista con los nervios es posible que acabara hablándole directamente en la lengua de Ramón Llull.
Acabo la entrevista y salí destrozado. Mi jefe preocupado me preguntó como me había ido e intente ser generoso en la respuesta y le dije "Bueno, yo siempre creo que no me va bien, pero luego...". Pero luego envejezco diez años.
La cosa es que no tuve que sufrir mucho y me confirmaron que la entrevista había ido bien, que mi catalán era bastante bueno y que habían médicos muy buenos que podían tratarme.
Por el precio de un Frigopie, mucho más divertido a la par que con peor sabor puedes tener el magnífico libro inspirado en el blog.
Pulsa en este enlace y disfruta:
Si lo sé, no crezco: Las historias de MundoAcido
Aprovecha esta oportunidad de leer el libro del que todos están hablando y cuando digo todos me refiero a algunos miembros de mi familia.
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05 junio 2013
13 octubre 2011
¿Trabajo duro?... no gracias.
Se porque soy informático, lo soy porque soy alérgico al esfuerzo físico. Cualquier alergólogo lo confirmara, cuando estoy sometido a trabajo duro me cuesta respirar, siento calambres en brazos y piernas por no hablar de un exceso de sudoración y debilidad.
Estuve con la familia haciendo una barbacoa y mi padre, que vendría a ser como el superhéroe del bricolaje, estaba hiperactivo. Cuando llegamos estaba podando unos arboles, como se le había roto la escalera estaba haciendo equilibrios entre dos ramas, me giré un momento ha hablar con mi madre que me contaba algo de que se había caído y al volver para reñirle como un buen hijo aplicado ya no estaba, estaba cortando unas cañas encima de un montículo. Luego bajó y volvió a desaparecer para reaparecer con un cubo de tomates que acababa de recoger. Mi padre es mayor que yo, quería hacer esta pequeña aclaración, podría alguien dudarlo por los niveles de actividad que despliega él y el que despliego yo, a mi me gusta decir que yo soy más reflexivo, otros dirían flojo.
Tuvo un momento de duda entre tarea y tarea y mi madre le dijo que preparara el fuego para la barbacoa. Yo me puse a su lado con mi cara de "Descansa y deja que tu fuerte hijo se encargue".
- Coge la sierra, que no se donde la he dejado y corta un poco de leña gorda.
Encontré la sierra fácilmente, mi padre solo se había movido por un área que se podía medir en campos de fútbol. La sierra era una que Jack el destripador hubiera pensado en cambiarla por vieja, mas o menos largas como mi pierna y posiblemente pesada como ella.
Fui a un montón de ramas apiladas. Cogí la sierra por la única parte que parecía un agarradero y comencé a serrar. La rama se movía mientras yo la arañaba, no había serrado nunca pero algo me decía que tenía que ser algo más ágil. Pisé un extremo de la rama para evitar movimientos. La rama bajó hasta el nivel del suelo. Estaba intentando serrarla con la posición que tiene quien espera que le salten al potro. Arrodillarse no era una opción, sentarse tampoco. Levanté el pie. La cogí con la mano izquierda mientras que con la derecha comencé a serrar. La sierra se encallaba mientras hería la madera. Mi padre se acercó preocupado, supongo que pensando que con el tiempo que había pasado yo estaría deforestando el bosque cercano y al verme me dijo: "Esa madera no es, esa está verde, el montón es ese de allí."
Bajé al segundo montón y comence a hacer leña del árbol caído.
Después de comer mi padre me dijo que quería limpiar la piscina. Para los que no hayan visto nunca decir que la "piscina" es una alberca de riego. En ella he visto yo las libélulas más grandes que nunca pude imaginar. Estaba llena de unos bichos infectos de grandes patas traseras por no hablar de los mosquitos. El fondo de la piscina tenía suficiente arena y polen acumulado se podrían hacer dunas. Vació la piscina y casi todos los que comimos la parrillada comenzamos a palear agua, barrer arena y bichos. El trabajo era algo parecido a intentar barrer la playa pero con bichos.
En un momento mi padre me comentó:
- Ya he descubierto donde está el avispero - Durante toda la comida habíamos sido asediados por estos simpáticos insectos del demonio.
- ¿Dónde?
- Ahí en el ladrillo - Dijo señalando a un ladrillo en la pared en que estaba apoyado. - ¿Les echo agua?
- NO, espera que me aparto un poco, me alejo un poco, que se yo, me voy a Barcelona. No les eches agua que se cabrearan - siempre me he preocupado yo de los sentimientos de las avispas y no haría yo nada que pudiera hacerles sentir mal.
Finalmente la piscina quedó vacía y razonablemente limpia, nunca diría eso de "Se podía comer dentro", pero por comparación estaba limpia.
No corte ni la mitad de leña que mi padre, ni limpié tanto como él, por no habar de que no subí a arboles, así que si alguien tenía dudas de a quien he salido podríamos descartar a mi padre. A mi padre dale algo que hacer con las manos y es feliz. Eso si, si le pides que te monte un mueble, has de saber que apretará los tornillos como si fuera para un submarino. Si algún quieres desmontarlo mejor será que arda el mueble, porque ese tornillo no se va a mover.
Pero volviendo a la barbacoa, no todo lo hizo él. Yo tuve un papel primordial, base, imprescindible e insustituible: Hice mazorcas, dándoles la vuelta y todo.
Estuve con la familia haciendo una barbacoa y mi padre, que vendría a ser como el superhéroe del bricolaje, estaba hiperactivo. Cuando llegamos estaba podando unos arboles, como se le había roto la escalera estaba haciendo equilibrios entre dos ramas, me giré un momento ha hablar con mi madre que me contaba algo de que se había caído y al volver para reñirle como un buen hijo aplicado ya no estaba, estaba cortando unas cañas encima de un montículo. Luego bajó y volvió a desaparecer para reaparecer con un cubo de tomates que acababa de recoger. Mi padre es mayor que yo, quería hacer esta pequeña aclaración, podría alguien dudarlo por los niveles de actividad que despliega él y el que despliego yo, a mi me gusta decir que yo soy más reflexivo, otros dirían flojo.
Tuvo un momento de duda entre tarea y tarea y mi madre le dijo que preparara el fuego para la barbacoa. Yo me puse a su lado con mi cara de "Descansa y deja que tu fuerte hijo se encargue".
- Coge la sierra, que no se donde la he dejado y corta un poco de leña gorda.
Encontré la sierra fácilmente, mi padre solo se había movido por un área que se podía medir en campos de fútbol. La sierra era una que Jack el destripador hubiera pensado en cambiarla por vieja, mas o menos largas como mi pierna y posiblemente pesada como ella.
Fui a un montón de ramas apiladas. Cogí la sierra por la única parte que parecía un agarradero y comencé a serrar. La rama se movía mientras yo la arañaba, no había serrado nunca pero algo me decía que tenía que ser algo más ágil. Pisé un extremo de la rama para evitar movimientos. La rama bajó hasta el nivel del suelo. Estaba intentando serrarla con la posición que tiene quien espera que le salten al potro. Arrodillarse no era una opción, sentarse tampoco. Levanté el pie. La cogí con la mano izquierda mientras que con la derecha comencé a serrar. La sierra se encallaba mientras hería la madera. Mi padre se acercó preocupado, supongo que pensando que con el tiempo que había pasado yo estaría deforestando el bosque cercano y al verme me dijo: "Esa madera no es, esa está verde, el montón es ese de allí."
Bajé al segundo montón y comence a hacer leña del árbol caído.
Después de comer mi padre me dijo que quería limpiar la piscina. Para los que no hayan visto nunca decir que la "piscina" es una alberca de riego. En ella he visto yo las libélulas más grandes que nunca pude imaginar. Estaba llena de unos bichos infectos de grandes patas traseras por no hablar de los mosquitos. El fondo de la piscina tenía suficiente arena y polen acumulado se podrían hacer dunas. Vació la piscina y casi todos los que comimos la parrillada comenzamos a palear agua, barrer arena y bichos. El trabajo era algo parecido a intentar barrer la playa pero con bichos.
En un momento mi padre me comentó:
- Ya he descubierto donde está el avispero - Durante toda la comida habíamos sido asediados por estos simpáticos insectos del demonio.
- ¿Dónde?
- Ahí en el ladrillo - Dijo señalando a un ladrillo en la pared en que estaba apoyado. - ¿Les echo agua?
- NO, espera que me aparto un poco, me alejo un poco, que se yo, me voy a Barcelona. No les eches agua que se cabrearan - siempre me he preocupado yo de los sentimientos de las avispas y no haría yo nada que pudiera hacerles sentir mal.
Finalmente la piscina quedó vacía y razonablemente limpia, nunca diría eso de "Se podía comer dentro", pero por comparación estaba limpia.
No corte ni la mitad de leña que mi padre, ni limpié tanto como él, por no habar de que no subí a arboles, así que si alguien tenía dudas de a quien he salido podríamos descartar a mi padre. A mi padre dale algo que hacer con las manos y es feliz. Eso si, si le pides que te monte un mueble, has de saber que apretará los tornillos como si fuera para un submarino. Si algún quieres desmontarlo mejor será que arda el mueble, porque ese tornillo no se va a mover.
Pero volviendo a la barbacoa, no todo lo hizo él. Yo tuve un papel primordial, base, imprescindible e insustituible: Hice mazorcas, dándoles la vuelta y todo.
28 julio 2009
Comenzar con mal pie
Admiro a la gente que, mientras todo cambia a su alrededor, ellos se quedan con la vista al frente, los dientes prietos y a soportar lo que venga. Yo no soy de esos. Cada vez que hay cambio de trabajo, proyecto o situación personal se repite la misma situación:
- Parece que he comido algo que me ha sentado mal
- No serán los nervios
- No creo porque yo estoy tranquilo – Mi apariencia es como la de un buey que ha estado abusando del diazepam.
- ¿Has comido cacahuetes? – Me encantan los cacahuetes pero me sientan como si fueran guindillas
- Unos pocos
- Mira que te he dicho que por la noche no comas cacahuetes – si de cacahuetes hablamos la noche para mi comienza a las 15h. Todo lo que sea comerlos después de esa hora me sienta mal.
Tras esta conversación suelen venir carreras al lavabo, dolores como si fuera a echar los cacahuetes a patadas y un par de días malos.
Hace poco me notificaron que me enviaban a un proyecto nuevo y encima donde sólo se habla ingles. El resultado: como si me hubiera comido un kilo de cacahuetes fritos con aceite de colza.
El domingo comenzó con un par de carreras y amenazaba a que no iban a ser las únicas, así que me tocó hacer bondad hasta la tarde cuando ya comencé a recuperarme. Me recuperé lo suficiente como para darme de que los zapatos que tenía para ir con pantalón de pinzas eran botines. Ir con botines con el calor que hacía era como ir con una rebequita a la playa, así que convencí a mi mujer para ir a una zapatería (Cosa que no es muy difícil, a ella no le cuesta ir a zapaterías. Hay un complot zapatomasonico para que los zapatos solo combinen con un vestido en particular con lo que hay una necesidad eterna de comprar zapatos de mujer). Pese a ser domingo las zapaterías abrían porque el primer día de rebajas.
Me compré unos zapatos bonicos porque sí. Linea italiana, piel genuina, marrón oscuro.
Lunes por la mañana.
Me levanto media hora antes de que suene el despertador. La barriga controlada. Me pongo mi pantalón de pinzas, mi mejor camisa, me anudo la corbata, desato la corbata y hago el nudo otra vez, a la tercera me queda bien. Desayuno mi minibocata de queso, me tomo mi café. Me calzó mis zapatos. Parece que duelen un poco, “La piel cederá” me dijo la dependienta. Te podrías comprar un traje de buzo de hierro y te dirían lo mismo.
Salgo a la calle y los zapatos duelen un poco más. Tras dar dos pasos pierdo pie, como si estirarán del pie como una cuerda lanzó el pie hacia delante en un resbalón de esos que servirían para ilustrar un diccionario y caigo al suelo como si quisiera partir nueces con el culo. Mi primer pensamiento: “A que he pisado una mierda y encima me he sentado encima” Pero no había ninguna bajo de mi, solo que la suela del zapato era de cuero y parecía como si la hubieran limpiado con aceite.
Entre la vergüenza y el dolor de culo di un par de pasos acelerados intentando salir del ángulo de visión de posibles espectadores y se me olvidó cuidar como pisaba para no provocarme rozaduras. Tarde. Unos metros abajo las rozaduras fueron ampollas y las ampollas heridas sangrantes. Llegué al metro como pude caminando como si a Chiquito le hubiera entrado un apretón.
Consigo llegar a la empresa. Me siento en el despacho del jefe y oigo dentro de mí un GRAURGLGLGLGROUMOMOMMOMMOUM, las tripas estaban despertando. Tal como tenía los pies no podía correr al baño. La opción del orinal estaba descartada. A riesgo de que fuera lo último que hiciera dentro de la empresa me quitaría los zapatos a lo Chambao y saldría corriendo. Pero conseguí controlarlo con un poder mental tan bestia que me estoy planteando dar clases de “Controla tus tripas”.
El jefe me explica cuatro cosas y me dice “Ven que te presento a parte del equipo” Sale al pasillo ágilmente y yo lo sigo todo lo rápido que puedo, viendo como estaba en ese momento mi poder era escaso. Estaba por un lado intentando caminar de forma que los zapatos me rozaran lo menos posible pero que además me permitiera controlar las tripas pero sin apoyarme mucho en la pierna que había salido peor parada de sentada popular a la puerta de mi casa.
Cuando llegué al pasillo solo habían puertas cerradas de despachos y no era plan de ir picando a todas las puertas diciendo “¿Dónde estaaas?” Me quedé parado en el pasillo como niño que se ha perdido en el Carrefour esperando que vinieran a por mi. Al poco rato apareció de un despacho la cabeza de mi jefe con cara de preocupación, me acerqué a el con una ostensible cojera por dolor pero también para que se diera cuenta de los motivos de mi extraordinaria agilidad.
No me echaron, mi me devolvieron a mi empresa, todavía sigo por aquí diciendo barbaridades en inglés.
- Parece que he comido algo que me ha sentado mal
- No serán los nervios
- No creo porque yo estoy tranquilo – Mi apariencia es como la de un buey que ha estado abusando del diazepam.
- ¿Has comido cacahuetes? – Me encantan los cacahuetes pero me sientan como si fueran guindillas
- Unos pocos
- Mira que te he dicho que por la noche no comas cacahuetes – si de cacahuetes hablamos la noche para mi comienza a las 15h. Todo lo que sea comerlos después de esa hora me sienta mal.
Tras esta conversación suelen venir carreras al lavabo, dolores como si fuera a echar los cacahuetes a patadas y un par de días malos.
Hace poco me notificaron que me enviaban a un proyecto nuevo y encima donde sólo se habla ingles. El resultado: como si me hubiera comido un kilo de cacahuetes fritos con aceite de colza.
El domingo comenzó con un par de carreras y amenazaba a que no iban a ser las únicas, así que me tocó hacer bondad hasta la tarde cuando ya comencé a recuperarme. Me recuperé lo suficiente como para darme de que los zapatos que tenía para ir con pantalón de pinzas eran botines. Ir con botines con el calor que hacía era como ir con una rebequita a la playa, así que convencí a mi mujer para ir a una zapatería (Cosa que no es muy difícil, a ella no le cuesta ir a zapaterías. Hay un complot zapatomasonico para que los zapatos solo combinen con un vestido en particular con lo que hay una necesidad eterna de comprar zapatos de mujer). Pese a ser domingo las zapaterías abrían porque el primer día de rebajas.
Me compré unos zapatos bonicos porque sí. Linea italiana, piel genuina, marrón oscuro.
Lunes por la mañana.
Me levanto media hora antes de que suene el despertador. La barriga controlada. Me pongo mi pantalón de pinzas, mi mejor camisa, me anudo la corbata, desato la corbata y hago el nudo otra vez, a la tercera me queda bien. Desayuno mi minibocata de queso, me tomo mi café. Me calzó mis zapatos. Parece que duelen un poco, “La piel cederá” me dijo la dependienta. Te podrías comprar un traje de buzo de hierro y te dirían lo mismo.
Salgo a la calle y los zapatos duelen un poco más. Tras dar dos pasos pierdo pie, como si estirarán del pie como una cuerda lanzó el pie hacia delante en un resbalón de esos que servirían para ilustrar un diccionario y caigo al suelo como si quisiera partir nueces con el culo. Mi primer pensamiento: “A que he pisado una mierda y encima me he sentado encima” Pero no había ninguna bajo de mi, solo que la suela del zapato era de cuero y parecía como si la hubieran limpiado con aceite.
Entre la vergüenza y el dolor de culo di un par de pasos acelerados intentando salir del ángulo de visión de posibles espectadores y se me olvidó cuidar como pisaba para no provocarme rozaduras. Tarde. Unos metros abajo las rozaduras fueron ampollas y las ampollas heridas sangrantes. Llegué al metro como pude caminando como si a Chiquito le hubiera entrado un apretón.
Consigo llegar a la empresa. Me siento en el despacho del jefe y oigo dentro de mí un GRAURGLGLGLGROUMOMOMMOMMOUM, las tripas estaban despertando. Tal como tenía los pies no podía correr al baño. La opción del orinal estaba descartada. A riesgo de que fuera lo último que hiciera dentro de la empresa me quitaría los zapatos a lo Chambao y saldría corriendo. Pero conseguí controlarlo con un poder mental tan bestia que me estoy planteando dar clases de “Controla tus tripas”.
El jefe me explica cuatro cosas y me dice “Ven que te presento a parte del equipo” Sale al pasillo ágilmente y yo lo sigo todo lo rápido que puedo, viendo como estaba en ese momento mi poder era escaso. Estaba por un lado intentando caminar de forma que los zapatos me rozaran lo menos posible pero que además me permitiera controlar las tripas pero sin apoyarme mucho en la pierna que había salido peor parada de sentada popular a la puerta de mi casa.
Cuando llegué al pasillo solo habían puertas cerradas de despachos y no era plan de ir picando a todas las puertas diciendo “¿Dónde estaaas?” Me quedé parado en el pasillo como niño que se ha perdido en el Carrefour esperando que vinieran a por mi. Al poco rato apareció de un despacho la cabeza de mi jefe con cara de preocupación, me acerqué a el con una ostensible cojera por dolor pero también para que se diera cuenta de los motivos de mi extraordinaria agilidad.
No me echaron, mi me devolvieron a mi empresa, todavía sigo por aquí diciendo barbaridades en inglés.
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