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06 febrero 2006

Chapucillas informáticas.


Once upon a time… había una vez un técnico de ordenadores. Mis inicios en el mundo de la informática como profesional fueron de técnico, de pringaillo también. Con 16 años entré a trabajar en una empresa en prácticas, bueno en prácticas yo no la empresa. En la época todavía se “reparaban” placas base desoldando resistencias, la pila (sí, los ordenadores tienen una pila) y lo que es más importante los portátiles pesaban 6kg. Y los de sobremesa que los levantaba Perurena cuando no tenía piedras a mano. Un disco duro de unas 40 megas podía pesar 2 kg. Se nos cayó uno al suelo y nos partió la esquina de la baldosa.
Lo que se había en el cuarto de los técnicos era un orden y limpieza que serían la envidia de algunos quirófanos, todos los tornillitos en sus cajitas ordenados por tamaño al principio, después se cambio por uso, luego empezaron a aparecer tornillitos en cajas que no les tocaba y por ultimo salían tornillitos de todas partes.

Con el tiempo, cuando conseguí ganarme la confianza de los jefes o cuando no había nadie más para salir fuera, me dejaron salir a reparar ordenadores a casa de los clientes y aquí comenzaron mis múltiples aventuras.
Una de las primeras que recuerdo fue cuando nos enviaron, a un compañero y a mi, a reparar unas cajas registradoras a una farmacia. Mi Jefe era de la idea que alguien que sabía manejar un destornillador servía igual para reparar un ordenador que para cambiar la instalación de la luz, así que muchas veces salíamos ha hacer visitas raras como está.
Nuestro uniforme de trabajo era una bata blanca el lunes y negra el viernes pasando por toda la escala de grises entre semana. Ahora poneos en la situación de lo que puede ser intentar reparar una caja registradora, siendo esta la primera que veía en toda mi vida, vestido con una bata blanca detrás de un mostrador de una farmacia. Claro, tú entras a una farmacia y te encuentras a un tío vestido con bata blanca detrás del mostrador ¿Qué es? Un técnico informático. Después de atender a cinco o seis personas decidimos meternos en la rebotica llevándonos las cajas registradoras. Pero no tener ni idea de cómo funcionaban esos trastos no ayuda a repararlos. Estuvimos un rato dándoles vueltas esperando ver un cable suelto y mientras estábamos dentro, entraron a atracar la farmacia (y no nos dimos cuenta) vino la policía (y no nos dimos cuenta) y detuvo a los ladrones (tampoco nos dimos cuenta) mientras en el interior de la farmacia decidimos que no podíamos hacer nada allí así que nos guardamos nuestras batas y a una pobre chica que también vivía en ignorancia de lo que pasaba fuera le dijimos que nos teníamos que llevar las cajas registradoras, asi que cargamos una caja cada uno y salimos.
Lo más normal es que en una farmacia hayan cuatro o cinco policías tomando declaración, cinco tíos sentados en el suelo, farmacéuticas histéricas, eso debe ser lo normal porque yo no le di ni la más mínima importancia, con una caja registradora a cuestas me despido e intento salir por la puerta. Los policías, con ojos como huevos duros nos miran, nos dan el alto, las farmacéuticas que no estaban ni para reconocer ni a su padre si hubiera estado en la puerta, estaban calladas. Mi primer alto policial y yo con una caja registradora a cuestas, suerte que salió la otra chica de dentro y nos identifico que si no me veo en las noticias.


Había veces que me tocaba acompañar a algún comercial, como siempre iban en moto consiguieron un casco para mí. El casco era básicamente una palangana, era uno de esos que parecen sacados de la segunda guerra mundial pero que con el paso de los años, que no serían pocos, había perdido toda la espuma interior y solo quedaba el plastico de fuera y la cuerda para atarlo bajo la barbilla, si hubiera tenido la cabeza del tamaño de la del Doraemon me hubiera ido de perlas. Pues un dia me tocó acompañar al jefe a reparar tres ordenadores… Fuimos en su moto, yo con mi supercasco calado hasta las cejas. Llegamos a la casa del cliente y tras un rato mirando los ordenadores llego a la conclusión de que no se podía hacer nada allí que nos los teníamos que llevar, y ahora momento estelar del jefe.
- Pues nos los llevamos ahora.
Yo hice un pequeño recuento de brazos, dos yo, dos el pero que no cuentan porque conduce la moto… Humildemente di mi opinión
- No podemos
Que si tu ya veras, cogete dos torres que yo me cojo la tercera. Ale una torre bajo cada brazo. Y ahora me dice:
- Mira ponemos uno en mis pies en la moto, tu te montas detrás y coges una torre con cada brazo.
- Yo no… creo que no… no sera mejor (NO QUIERO MORIR, NO QUIERO MORIR)
- Ponte el casco
- (NO QUIERO MORIR) Y si voy andando?
- ¿Ya te has puesto el casco?
Me puse la palangana, me subi en la moto y cogí una torre bajo cada brazo… del primer frenazo se me puso el casco de mascara y ya no vi nada más, por una parte mejor esto es como los condenados a muerte para que no vea me tapan los ojos. A cada bache pensaba que se me iban las torres al suelo o que me iba de culo a la rueda, a los 15 segundos ya me daban calambres en los brazos, estaba seguro que de esa me los amputaban por los sobacos, no podía subirme el casco parecía que iba ha hacer esgrima más que a montar en moto, estoy seguro que mi jefe se pensaba que yo era un chimpancé y que podía estirar mis brazos a voluntad y casi lo consigue pero no, llegué a la tienda con los brazos agarrotados del esfuerzo y con dos lagrimones a medio caer, me baje de la moto todavía con el casco por delante de la cara.
- PONME BIEN EL CASCO
- ¿Qué haces así?
- … (LLORAR) se me ha caido el casco y no he podido…
- Venga vamos pa adentro.
Y no me lo puso bien!!! Tuve que bajar las torres, quitarme la palangana, chutarla contra la pared (de esa tuve que seguir llevando la misma palangana pero abollada) y entrar en la tienda ya sin dolor de brazos, era como si hubieran dejado de ser mios.

Y hay más anecdotas pero no quiero cansar ahora ya iré contando, hay más dias que longanizas.

2 comentarios:

otravezvuelves dijo...

Buenísimo, hacía muchos años que no lloraba de risa tanto. Estoy buscando como reparar un teclado y caigo en este blog que me recuerda mi infancia también. Ha sido un placer, saludos.

momentazos dijo...

Que risa, seguire leyendo historias de tu vida. Por cierto muy bueno el ordeñador