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15 junio 2007

Vacaciones de verano

Ayer tuve una conversación que me hizo recordar mi infancia, en especial mi infancia en vacaciones. Algo tendrá que ver en Barcelona ya estemos “disfrutando” de un bochorno de esos que cuando subes cuatro cuestas te hace ir como si hubieras estado haciendo unos largos en una piscina de aceite.

Recordaba yo cuando era chiquitín y con mis padres iba a la playa, casi siempre por la parte de Girona (muy recomendable, de lo mejor en playas de las que he estado). Quizá alguno haya podido deducir por algunas entradas anteriores que siempre he tenido una extraña relación con los deportes y los deportes acuáticos no iban a ser una excepción, pero si algo tenía la industria en ayudas para la natación es que te incentivaba para que aprendieras a nadar sin ayudas cuanto antes. Porque sino no se explica el diseño de los artilugios que hacían para que aprendieras a nadar.

El primero de esos aparatos del demonio que recuerdo yo son los flotadores, he visto con el paso del tiempo se han ido agrandando y ahora parecen más neumáticos de tractor más que la cámara de bici que parecían en mis años. El caso es que daba igual cuando te compraras el flotador que siempre quedaba pequeño así que se daban esas extrañas escenas, teniendo que levantar los brazos y que mi padre me lo encasquetara como si me estuviera poniendo una brida, creo recodar alguna escena de metérmelo a rosca. Pero lo mejor no era que quedara pequeño sino eran LAS COSTURAS. Estoy convencido de que el tío que lo pensó no le explicaron para que lo querían y se pensaba que seria una especie de cámara de neumático hortera, porque sino no se explica el por qué de esas costuras que te irritaban el michelín y el interior de los brazos hasta hacerlos sangrar, vamos que cuando salía del agua (normalmente cuando mi padre me gritaba: “SAL YA QUE LUEGO ME MOJAS EL COCHE”) tenía que andar como John Wayne, vamos que parecía un vaquero a punto de desenfundar. Pero como el mar cura, al menos el mar de mis años, los niños al grito de “NO HAY DOLOR” estábamos todo el día en el agua y cual coches de autochoque rebotábamos unos contra otros, el problema venía cuando el mar se picaba y se levantaban olas. Como tenía el flotador encasquetado en la cintura alguna que otra vez lo que hacia la ola era voltearme y me quedaba haciendo el pinopuente con lo que tenía que venir mi padre a enderezarme (¿había dicho ya algo de mi habilidad innata para el deporte?)

Luego recuerdo que aprendí un poco más me compraron una especie de burbuja de corcho rosa, era ROSA, que se ataba al pecho con una especie de correo de persiana con un broche de hierro colado que se oxidaba el primer día. Si alguno no ha vivido esta maravillosa experiencia que pruebe a atarse una cuerda de esparta en los sobacos, la aprieta y que alguien la vaya girando, estirando de ella, IMPORTANTE si fuera posible que alguien coja un broche de hierro y mientras uno tira que le vaya clavándole el broche en el pecho. Yo creo que fue un milagro que a ningún niño le amputara los brazos ese engendro de la inquisición.

El caso es que a mi la burbuja me duró poco y me compraron “los manguitos” es la misma filosofía del flotador pero en pequeño… todo en pequeño menos las costuras que seguían afiladas como katanas. Ahora dividiendo el flotador se podían hacer más cortes en mucho menos tiempo era como intentar depilarse las axilas utilizando como cuchilla una piedra de silex. Por no hablar de lo útil que resulta intentar aprender a nadar con algo que no te deja meter los brazos bajo el agua, vamos que nadabas gracias al juego de muñecas…

¿Era o no era normal que aprendiéramos a nadar sin ayudas cuanto antes? Estoy convencido que a David Meca de pequeño le ponían manguitos mas burbuja por esto mismo esa gran especialización.

Además teníamos que aprender a nadar bien porque cada cierto tiempo pasaba la avioneta de NIVEA y lanzaba pelotas, lanzaba pelotas a una distancia mas o menos a unas cinco piscinas olímpicas de distancia de la orilla, pero daba igual, 3500 niños se lanzaban al agua para alcanzar alguna de las 100 pelotas que habia lanzado la avioneta. No es solo que tuvieras que nadar como si persiguiera el diablo además tenías que ir como si fueras en un carro de BenHur dándole guantazos al niño de al lado. Cuando llegabas a la pelota te cogías a ella como si te fuera la vida, realmente te iba la vida porque habías tragado tanta agua y estabas tan echo polvo que si te soltabas te ibas al fondo a plomo. Así que cuando volvías a saber respirar y dejabas de eructar de la cantidad de agua tragada volvías a la orilla con la pelota entre las manos y recorriendo una distancia larga como la carretera 66 a base de ir chapoteando con los pies y ¿Todo para qué? Para no poder jugar nunca con la dichosa pelota porque era ponerse a jugar y una ráfaga de aire la colaba en el techo del chiringuito.

¡Las vacaciones ya nunca volverán a ser lo mismo que cuando éramos pequeños! (… y eso que teníamos que hacer los cuadernos de Vacaciones Santillana)

3 comentarios:

coletas dijo...

jajjaj todo lo que cuentas reflejan momentos repetidos verano tras verano de mi infancia, añádele las vergonzosas escenas de cambiarte de bañador mojado a seco con toda la familia mirando y diciendo anda boba!pero si no tienes nada!mientras tú te morías de la vergüenza... y ahora cualquiera hace topless delante de ninguno!!!

swaze dijo...

Yo recuerdo que a mi las pelotas de nivea me las lanzaba la avioneta detrás de las dunas (vivo en Gran Canaria y en una playa de aquí hay como 500 metros de dunas y luego esta el mar) y teníamos que ir corriendo a por ellas, pero claro...si no espabilabas te quedabas sin pelota así que te olvidabas ponerte algo ne los pies y acababas con la plancha del pie oliendo a pollo frito...que tiempo.

Hacia tiempo que no me pasaba por aquí, me alegra ver que siges en la misma genial linea de siempre, animo ;)

swaze

Sr.Acido dijo...

coletas
Es cierto los momentos de cambiarse el bañador mientras te aguantaban dos toallas... que grande.

swaze
Cuanto tiempo buen hombre... uno de mis primeros lectores a los que no pagaba por leer el blog. Por cierto que duro lo de correr atravesando dunas, me suena a la peli esa de "Oceanos de fuego" pero sin caballos.
Me alegra verte de vuelta.