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12 septiembre 2007

Mis vacaciones. Part I

Primer día de cole en Cataluña, todos los plastidecores listos, las gomas Milán (que buenas estaban las gomas Milán) todavía sin morder y el boli de 6 colores imposible de coger listo en el estuche. Cienes de millones de niños hoy escribirán esta redacción: “Que hiciste en vacaciones” y el niño que llevo dentro (no estoy embarazado) me impulsa ha hacerlo yo también.
Este no está siendo un año para echar cohetes en ningún sentido, por esto mismo necesitaba las vacaciones como el comer. Desde hace ya meses planeamos irnos de vacaciones a la Toscana. Conociéndome como me conozco estaba convencido que al verme la torre de Pisa se acabaría de tumbar, Venecia se hundiría del todo y el entero cuerpo de “carabinieri” me perseguiría como si de un Bourne cualquiera se tratara. Pero lo cierto es que han sido unos vacaciones muy tranquilas, no ha pasado nada (o prácticamente nada) durante los días de vacaciones, también es cierto que condensé todas las cosas que tenían que pasarme en el primer y último día, en los dos aeropuertos.
Hay veces que tienes la certeza de que algo va a salir mal, es un sentimiento que es tan mío como el hambre, pues los aeropuertos despiertan mi sentido arácnido, hormiguinico, escarabajinico. Yo he viajado muy poco y en avión menos todavía, así que es entrar en un aeropuerto y me transformo en Paco Martínez Soria en “El abuelo visita la ciudad”. Todo es tan grande, te dicen tantas cosas, hay tantas letras por todos lados y sobre todo hay tanta gente que te mete codazos que me pierdo.
Para hacerlo más divertido mi vuelo era de la compañía ClickAir, esta que no se gasta dinero en publicidad porque ya sale en la tele todos los días en los telediarios. Así que iba yo con la idea de que mi vuelo no llegaría nunca, o no saldría, o nos utilizarían como tropa de refuerzo para el cuerpo de paracaidistas, que se yo.
Al llegar busqué el stand de ClickAir donde había un hombre leyendo unos papeles, pacientemente me quedé de pie esperando que me mirara, entonces recordé mi habilidad de moverme en las sombras por lo que el pobre hombre era imposible que me hubiera visto. Decidí manifestarme ante él, no eso de coger una pancarta sino hacerle notar mi presencia.
- HOLA!!!
- hm…
- Buenas, mira es que
- ¿si?
- he comprado por internet
- ¿si?
- (una burra voladora y quería saber si la podía inscribir como transporte aéreo de pasajeros) un billete con vosotros para ir a Pisa
- 31 a 37
- ¿perdón?
- 31 a 37
- no si entenderlo lo he entendido pero es que…
- Mostradores 31 a 37
Daban ganas de decirle “logaritmo neperiano de 2355” y seguro que me contesta 31 a 37.
Busque entre los millares de mostradores el 31 y al verlo fuimos para allá alegremente arrastrando nuestras maletas, cuando saltó sobre nosotros cual felino un guardia de seguridad calvo borrándonos el paso.
- Donde van?
- 31 al 37 – uno que aprende rápido.
- Tienen que ir para allá- mientras decía esto señalaba al infinito con su dedo calvo también.
Desafiando toda lógica comenzamos a caminar en dirección contraria a los mostradores hasta llegar a un punto donde otro guardia de seguridad calvo, nos indicó “amablemente” que teníamos que dar la vuelta y comenzar a ir por un pasillito de esos que haces como si estuvieras en cualquier parque de atracciones, tras diez minutos andando por pasillos hechos de cuerdas volví a llegar al calvo 1 que me volvió a indicar el camino ya recorrido. Le hice notar que ya había hecho ese camino, entonces me envió hacia las puertas de entrada. Allí pude encontrar un grupo de gente haciendo cola enfrente de nada, le pregunté al último y me confirmó que eran los valientes que ya habían hecho el camino de cuerdas.
Embarcamos sin problemas, llegamos sin muchas turbulencias y demás anomalías, como única cosa reseñar que viaje junto a un tío con narcolepsia, fue tocar el asiento del avión y quedarse frito con esa pose que da un aire de saber estar y elegancia que es cuando se te va la cabeza para atrás y se te abre la boca como si esperarás que te caiga un bocata del cielo. En un avión es útil, si hay problemas y cae la mascarilla de oxigeno se te encaja directamente en la boca.
La diversión de verdad llegó cuando aterrizamos en Pisa. Yo por internet había alquilado un coche (por internet se puede hacer de todo), era un Lancia Ypsilon con la casa Hertz. Salimos del aeropuerto con todas nuestras maletas y ni rastro de la Hertz, al fondo se veía un letrerito que decía: “Rent a car” y una flecha. Seguimos la flecha hasta un tenderete en mitad de la nada, allí nos quedamos hasta que llego un bus que nos llevó hasta la zona de alquiler de coches.
Me dirigí al mostrador de Hertz con una pregunta en mente: “Parla Espagnolo?” Aunque en verdad no me hacía falta porque yo domino el Ingles, años estudiando inglés han hecho que sea capaz de mantener una conversación fluida con cualquier angloparlante no mayor de tres años. En el stand de Hertz habia una amable mujer seca como una mojama, que no hablaba nada que no fuera italiano y italianinglish. Le acerqué la impresión con mi reserva, busco en el ordenador y salió la reserva. Apunto cuatro cosillas y me dice (iré poniendo la traducción)
- Please, a creditcard (por favor, tarjeta de credito)
- I have payed before (Yo antes pagar)
- I need a credit card (necesito una tarjeta de credito)
- I don’t have anyone here (No tener ninguno tarjeto aquí)
- No creditcard no car (No hay manos no hay galletas)
- What can I do now? (Que puedo hacer ahora?)
- Call this number and they refound your money (Llame aqui y le devolverán el dinero)
- I don’t want money I want cars (NO quiero dinero quiero coches)
- No creditcard no car (Yo querría que te fueras)
Asi que después de hablar con otro italiano me devolvieron el importe de la reserva después de quedarse una parte en concepto de anulación de la reserva (pero que majetes que son) desde aquí inicio una campaña para que todos los que me leen (que son tres) no alquileis nunca coches en Hertz, es más alquiladlos en Avis y os paseáis delante de ellos con los contratos en alto.
Junto al puesto de Hertz estaban las paradas de Europcar, Avis y demás compañias que fui visitando religiosamente con mi ingles perfecto pidiendo coche. Recibiendo negativas por respuesta, yo creo que les pido en matrimonio y hubiera tenido más éxito. Mientras tanto el cielo de Pisa se puso en consonancia con mi estado de animo y se puso negro como el tizón, se rompió y cayó agua como si quisiera convertir Pisa en Venecia.
En la última casa de alquiler de coches me alquilaron un micromachine. Un Fiat Panda color azurra. Tenía una arandela suelta lo que hacía que cada vez que nos movíamos parecía que llevaramos un coche de caballos. Eso sí el coche tenía una aceleración que ni un formula 1. Los primeros semáforos parecía que en vez de conducirlo estuviera domándolo.
Pero bueno ya estaba en Italia y podíamos movernos tranquilamente por todos lados.
La aventura del viaje de vuelta la dejo para otro lado y queda tambien pendiente que os cuente un poco mis impresiones de Italia y los italianos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

lo que mas me ha gustado de vuestro viaje a Italia es la canción que me habeis recomendado.Adeuuu

coletas dijo...

añado a la lista de rent a car odiados la de europcar, que hijos de p..., tambien tirados en el ultimo momento...