Por el precio de un Frigopie, mucho más divertido a la par que con peor sabor puedes tener el magnífico libro inspirado en el blog. Pulsa en este enlace y disfruta: Si lo sé, no crezco: Las historias de MundoAcido Aprovecha esta oportunidad de leer el libro del que todos están hablando y cuando digo todos me refiero a algunos miembros de mi familia.

13 diciembre 2007

Herido de guerra

Ayer volví a la peluquería, y debería acabar aquí en un mundo normal o a alguien que no fuera yo, pero como se ve que han distribuido fotos mías por ahí la gente se encarga de proveerme de historias para escribir.
Mira que yo soy de lo más convencional, que voy a las cadenas de peluquerías que habitan en los centros comerciales, no llevo mechas y voy camino de que en mis entradas se planteen poner fronteras y aduanas. Normalmente cortarme el pelo a mi no les lleva más de veinte minutos, pero no, ayer estuve una hora.
La peluquería en cuestión es una de la cadena de Marco Aldany y como siempre nada más llegar tienes que apuntarte.
- Buenas, para cortarme el pelo
- Si porque para pegártelo es a partir de las 10 – oigo una voz tras de mi. Era un hombre ya mayor que estaba intentando ligarse a todas las peluqueras, que no eran pocas. Ellas le correspondían con las más absoluta indeferencia.
- Tienes tres delante de ti – me dice la que apunta
- Vale
- ¿Te apunto?
- ¿Cuánto tiempo tengo que esperar más o menos?
- Eso no te lo puedo decir.- esto me lo dijo como si le hubiera preguntado si iba a ser feliz en mi matrimonio, no se si no podía decírmelo o no sabia como calcularlo.
El caso es que me siento a esperar y en una media hora me llaman y me sientan en un butacón, me dan dos revistas para leer que me dieron mal rollo, la primera era “Belleza y Salud” o algo así y el tema de portada era “Como perder esos kilos que tanto te afean” y la segunda era algo así como “Pelos” y el tema de portada creo recordar “Como hacer que por lo menos tu pelo luzca”. Estuve por girarme y decirle a la chica si quería decirme algo, que lo dijera claramente.
Viene un chico y aquí empieza las rarezas de verdad
- Perfecto – El chico se presentó así
- Hola.
- ¿Te importa cambiarte de sitio?
- ¿Dónde? – Donde quiera
- En esta silla – y me señala una en la esquina, donde la oscuridad pudiera cubrir lo que tenía pensado hacerme, al sentarme soltó otro “perfecto”
- ¿Qué te hago?
- Pues mira yo normalmente llevo el pelo bastante corto
- Perfecto
- … hacia delante …
- Perfecto
- Y por arriba un poco más largo y despeinado
- Perfecto ¿Hace tiempo que no te cortas verdad? – He de decir que en ese momento tenía el peinado de Georgi Dann
- Si ya me hacia falta – Mr. Observador

El hombre comienza a cortar, me mete la trasquiladora y no se como la mete pero se le atasca y me pega un tirón de pelos que me hace saltar un par de lagrimones. Después llegó el momento de afeitar patillas y nuca. Saca la navaja y con una destreza que ni Dartacan (el perro) me mete un viaje en la oreja.
- Uy te dañe la oreja
- …
- Espérate un segundo que voy a buscar algo para que no cortar la hemorragia
Desgraciado, este me había cortado la oreja. Vamos que en un combate a primera sangre le dan el triunfo fijo. Al momento empiezo a notar como la sangre comienza a resbalar por detrás de la oreja y aquí cometí un fallo. Yo soy muy aprensivo con la sangre, sobre todo si sale por alguno de mis orificios, ya sea de los que venían de serie o de alguno de nueva creación. Me giré para verme la oreja y me entro la flojera, era una gota, solo una gota, pero aventurera porque ya iba por el cuello y bajando. Vino el peluquero degollador y me echó alcohol sin medida, vamos que si hubiera sido agua oxigenada ahora sería rubio, y me hizo que me tapara con un algodón.
Ahora tocaba afeitar la nuca, yo estaba al punto de coger el Síndrome de Estocolmo, así que obedecía todo como si fueran mi padre.
- Mantén el cuello recto
- Vale – y es decir esto y empieza a presionar con el pulgar y el índice en la nuca, en la base del cráneo con fuerza y me inclina la cabeza
- Mantén la cabeza recta, vale
- Vale – y vuelta con los empujoncitos
- No inclines la cabeza
- Es que no la muevo yo – si después de cortarme la oreja lo que menos ganas tenía era de oponer resistencia con su navaja en mi cuello
- A que te empujo yo… es verdad… Perfecto

Esperaba cortarme más el pelo pero no me atreví a que me retocara, sólo quería salir de allí lo antes posible.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y encima le pagarías y todo no?

yo le hubiera esperado a la salida con un par de colegas de tu barrio?

chucupistacho dijo...

Lo dicho, lo que no te pase a ti... :)