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23 julio 2007

El hámster rarito

En una oficina todos somos como hámsteres, cada uno con su rueda girando sin parar un cierto numero de horas al día, parando para comer pipas a cada rato, bueno desde que se prohibió comer pipas dentro de la jaula algún que otro hámster como pipas a escondidas en el esquinero para mear.
La tranquilidad de la jaula muchas veces se ve alterada cuando uno se entera de que va a llegar un nuevo compañero de rueda, entonces surgen las dudas, ¿será hámster o hámstera? ¿Cómo será? ¿Se integrará bien?
El caso que de entre todos los tipos nuevos de compañeros que te pueden tocar el peor, y aquí estoy siendo muy arriesgado, es “el rarito”.
Yo no creo en eso de las auras… menos en este caso, el rarito tiene un aura de mal rollo a su alrededor, porque es como si desprendiera un olor extraño, lo ves y arrugas la nariz (siempre hablando en sentido figurado, que si encima es literal…). Todos sabemos que los hámsteres no tienen bolsillos pero si tuvieran el hámster rarito lo tendría lleno de bolis de múltiples colores y un par de pendrives usb de 25 GB cada uno, por descontado que no tendría ni un solo mp3, todo serían trozos de código que habría escrito él en su otra jaula.
Cuando otros animales se conocen se huelen el culo, se ve que hay una especie de segregación hormonal que les sirve para identificarlos, bueno no se… , en los hámsteres no hay esa costumbre, simplemente estrechan la pata delantera derecha y hacen preguntas por compromiso. En el caso de que el nuevo roedor sea un “rarito” en cuanto se va al bebedero el resto se reúne corriendo y comentan todos los detalles del nuevo. Todos sabemos que todo hámster tiene una maruja dentro.
Los problemas llegan cuando hay que empezar a dar vueltas, el nuevo siempre hace comentarios del tipo:
- Pues donde estaba yo eso lo hacían los hámsteres becarios
- ¿Y corréis en esa dirección? Pero si es un atraso…
- Pensaba que no volvería a ver ruedas tan antiguas en mucho tiempo.
- Yo es que había trabajado siempre con cobayas esas si que saben hacer las cosas bien…
El resto de currantes están entre probar si es capaz de atravesar las barras de la jaula de una patada en el culo o de ignorarlo. Y aunque solo el gran spaghetti volador sabe que lo intentan es imposible ignorarlo, así que, medio adrede medio a conciencia, le van dando pequeñas “puyaitas”, pequeños toques, como por ejemplo cambiar las horas de comer pipas…
Espero que esta pequeña ida de olla que he tenido hoy seáis capaces de perdonarla, será porque es lunes, será porque sigo trabajando cuando muchos se fueron de vacaciones o será porque estoy a diez minutos de ir a comer pipas con un rarito… no se…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

tu "rarito" no dirá también cosas como "no se puede, no se puede" mientras se mueve hacia delante y hacia atrás?

el mundo está lleno de "raritos" pero porque siempre nos tienen que tocar a nosotros!

coletas dijo...

jajajja en todas partes toca alguno, al mio lo acabaron despidiendo...pobre. Pero nos dejó de recuerdo un tupper escondido debajo de una mesa que descubrimos con restos putrefactos...su pequeña venganza supongo....